Historia


Síntesis de la obra de Dª Paulina López Pita, vecina de este municipio y profesora de la Universidad de Educación a Distancia en Historia Medieval.

PREHISTORIA
Podemos afirmar que Layos tuvo un antiguo origen, como lo atestiguan algunos sepulcros rupestres encontrados entre el núcleo rural y el arroyo de Guajaraz, junto con otros hallazgos de materiales líticos.

Para algunos historiadores el topónimo “Layos” vendría  a ser un antropónimo derivado de “Cajus”, nombre que designaba a este pueblo carpetano a  la llegada de los conquistadores romanos. También se piensa  que pudiera haberse originado en el vocablo griego “Llayos”, que significa escabrosidad, hondura. Aunque lo más probable es que se derive de “Layator” que en castellano significa “labrador de tierras con azadón”, suponiendo que sus primeras gentes fuesen labriegos

 

ROMANIZACIÓN
Con la llegada de los romanos, y especialmente en el interior de la meseta sur donde llegó en el año 193-2 A.C, dentro de la 2ª etapa de la romanización, el pretor de la Provincia Ulterior, Marco Fulvio Nobilior, quien en su deseo de someter a todos los pueblos de la meseta inferior acabaría por vencer a los carpetanos. A partir de entonces comienza propiamente la romanización de esta área peninsular. Hay que tener en cuenta que este proceso de adaptación de los hispanos a nuevos estilos de vida inspirados en el modelo de vida romana no fue uniforme. La acción romanizadora se ejercía principalmente desde los centros urbanos fundados o colonizados por los romanos, y llegaba, en cambio , con mayor lentitud y dificultad a los campos. A pesar de estas diferencias, la vida campesina se desenvolvió en condiciones de seguridad hasta entonces desconocidas. A ello contribuyó la construcción en la provincia Citerior de varios caminos, la fundación de nuevas colonias y el aumento del intercambio entre las comarcas.

Es de todos bien sabido que los romanos fueron grandes constructores de caminos y entre las grandes obras públicas que realizaron en Hispania, destaca por la magnitud y extensión de la empresa, la vasta y compleja red de calzadas que puso en comunicación regiones muy distantes y que tanto contribuyeron a la romanización de extensas áreas de la Península. Y es  una de esas calzadas romanas, la que desde “Emerita Augusta” iba hasta Toledo,. Donde Layos constituía un lugar de paso importante.

Pocas son las noticias referentes a Layos durante la época Visigoda. Sabemos que la población continuó viviendo en aquel lugar durante este periodo, como lo atestiguan las monedas encontradas en su término del rey visigodo Recaredo I. Varios son asimismo los focos arqueológicos que conocemos en las proximidades de Layos: uno se localiza al sur de la ciudad de Toledo, capital del reino visigodo, con centro en Guarrazar; otro entre Sonseca, San Pablo de los Montes y Malamoneda. Y por último el controvertido centro de Meque-Gálvez.

DOMINACIÓN MUSULMANA.

Bajo EL dominio islámico la ciudad de Toledo, principal centro de operaciones, numerosas poblaciones cercanas contaron con un importante número de musulmanes, junto a quienes convivieron mozárabes, judíos y francos. Fue, sin duda, la Sisla la zona más poblada y en ella se incluía el término de Layos. Son frecuentes los topónimos de origen árabe que encontramos en esta área: Guadamur, Guajaraz, Argés, Mazarambroz, etc…, que nos hablan de la existencia de población musulmana es estos lugares.

Las continuas relaciones mantenidas entre Córdoba y Toledo motivaron que el camino que separaba a estas dos ciudades fuese muy transitado especialmente durante la etapa califal, y precisamente un lugar de paso de esta importante vía lo constituía Layos.

DOMINIO CRISTIANO

Después de recuperar Toledo, Alfonso VI se fue adueñando de todos los territorios que estaban en poder de los musulmanes a lo largo de la línea delTajo, quedando prácticamente incorporados al reino cristiano todas las tierras situadas entre la cumbre de los Montes de Toledo y la Sierra Central.

Durante los siglos XII y XIII. Más de 50 lugares atestiguan la presencia de poblamiento mozárabe en el término de Toledo, y entre ellos figura Layos, que por entonces constituía una alquería dentro del área que englobaba la Sisla.

Por entonces, muchas de las tierras de labor que se hallaban dentro del término de Layos, dedicadas en su mayor parte al cultivo de viñedos y cereales (trigo, cebada y centeno), pertenecían a instituciones religiosas que residían en la ciudad de Toledo, como eran: el convento de Santa María de la Sisla, el monasterio de Santo Domingo el Real, Santo Domingo el Antiguo y el convento de San Clemente; o a diversas familias que residían asimismo en dicha ciudad.

La mayor recompensa que Juan Carrillo recibió por sus buenos y loables servicios a los monarcas castellanos, fue la concesión que le hizo el rey Juan II del privilegio del señorío y jurisdicción del lugar de Layos, el 12 de septiembre de 1445. Después lo desmembró de la justicia y jurisdicción de Toledo, a la cual pertenecía, y le hizo entrega de «la justicia y civil y criminal, mero e mixto imperio, rentas, pechos y derechos», pertenecientes al señorío de aquel lugar, reservándose para sí las alcabalas, cientos, pedidos, mostrencos y demás derechos pertenecientes al señorío real. Al mismo tiempo se ordenó a los vecinos y moradores de Layos que reconociesen y acogiesen al citado Juan Carrillo como señor le pertenecían.
Después que Alfón Rodríguez Francés tomó posesión del lugar de Layos y su término, en nombre de Juan Carrillo, con poder que para ello había recibido, y en cumplimiento de la cédula y merced otorgada por el monarca, el alcalde mayor de Toledo, el alguacil, regidor y jurados de dicha ciudad «juntos en su sala y casa de ayuntamiento» cedieron en favor del adelantado de Cazorla la jurisdicción y señorío que la ciudad de Toledo tenía en Layos.
No fueron muy tranquilos para Juan Carrillo los años inmediatos a esta donación. Recordemos que el siglo XV, y más concretamente el tiempo de los reinados de Juan II y Enrique IV, constituye un período importante dentro de la historia de los conflictos sociales de la Edad Media Castellana; y esa actitud antiseñorial se manifiesta frente al adelantado de Cazorla en su tierra de Layos, de tal modo que el rey, en 1449. hubo de restituirle en la posesión que disfrutaba y que le había sido arrebatada con ocasión dé uno de los disturbios ocasionados por entonces.

Por herencia, la villa de Layos pasó a los hijos de Juan Carrillo quienes la vendieron, al poco tiempo(1509), a Francisco de Rojas.
LINAJE DE LOS ROJAS

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Escudo heráldico de los Rojas más tarde Condes de Mora.

Fue embajador de los Reyes católicos (Don Fernando y Doña Isabel), en 1507 regresa a España y fue cuando compró la villa de Layos entre otras y las atendió hasta el 23 de febrero de 1523 que murió.
EL MAYORAZGO DE LAYOS

Aunque fue en 1505 cuando los Reyes Católicos regularon y reglamentaron jurídicamente la fundación de los mayorazgos, ya en tiempo del rey Alfonso X podían fundarse, pero fue a partir del reinado de Enrique II cuando las mercedes reales de villas y lugares en perpetuidad y mayorazgo se hicieron más frecuentes. El mayorazgo parecía interesar a todos, tanto al poder central como a los nobles; para el primero el mayorazgo suponía un sistema de regulación en las mercedes concedidas a la vez que un camino seguro para una posible reversión de los bienes a la Corona, en el caso de que quebrara la línea establecida de herencia; y por otra parte los nobles veían en el mayorazgo el instrumento jurídico imprescindible para mantener indivisos sus dominios y asegurar así la fuerza de los linajes.

Durante el gobierno de la turbulenta dinastía tratamarista se hicieron cada vez más frecuentes y numerosas las enajenaciones perpetuas de bienes de la Corona, así de tierras como de jurisdicciones, diezmos, tercias, alcabalas y otras rentas. Los monarcas eran conscientes del daño que estas enajenaciones causaban, pues conferían a la nobleza un arma poderosa para crecer desmesuradamente,  al mismo tiempo que el Erario se empobrecía cada vez más; pero todos losintentos que se realizaron para poner fin a esta situación fueron inoperantes. Los Reyes Católicos conocieron este mal y desearon remediarlo, pero a pesar de su fortaleza para corregir los abusos y desórdenes en codas las clases del Estado, las grandes y costosas empresas de las guerras de Italia y la conquista de Granada no les permitieron acabar de desempeñar el real patrimonio, ni dejar de usar algunos arbitrios extraordinarios, ya que debían recompensar dignamente los grandes méritos y servicios de sus vasallos, y estando en su tiempo  muy arraigada y propagada la opinión de que las recompensas y propios más útiles y honoríficos consistían en tales mercedes, les fue preciso contemporizar y acomodarse a las ideas generales a pesar del desagrado que esto causaba a los monarcas, en especial a la reina Isabel.

Ante esta situación y tratando de poner fin a estas mercedes perpetuas, o al menos tratando de enmendar los vicios de la jurisprudencia existentes hasta  entonces, y de reintegrar los dominios nacionales en la autoridad y grado que  les correspondía y para contener la caprichosa arbitrariedad de los letrados en sus opiniones y resoluciones, los Reyes Católicos llevaron a cabo una reforma  legislativa con la promulgación de las «Leyes de Toro», en las cuales se trataban muchas y diversas materias, y entre ellas, una de las más importantes fue la que trataba sobre la regulación en la fundación de los mayorazgos. Lo más destacado de ella fue la ampliación de la facultad de vincular bienes raíces, decretando además que todas las obras y mejoras que se hicieron en los mayorazgos debían tenerse igualmente por vinculadas.

Y así pues por los muchos y difíciles trabajos en que se ocupó Francisco de Rojas en servicio de sus monarcas fue premiado con la facultad para fundar mayorazgo.

En la escritura de fundación de mayorazgo en la villa de Layos, hecha el 17 de mayo de 1513, don Francisco de Rojas, estableció el siguiente orden para la sucesión:
En primer lugar llamó a su sobrino de igual nombre, Francisco de Rojas, hijo de su hermano Alonso de Escobar.
Después del citado Francisco de Rojas, llama en la sucesión del mayorazgo  a los hijos de éste, varones y hembras, prefiriendo el mayor al menor, y el varón a la hembra.
A falta de las líneas masculinas y femeninas del dicho Francisco de Rojas, llama al hijo segundo de Alonso de Escobar, su hermano, por el mismo orden.
En su defecto, llamó para seguir la línea del mayorazgo a su otro hermano Juan de Rojas, en quien había instituido el mayorazgo de Mósloles, si fuese vivo, o en su lugar llama a su hijo, llamado como su tío, Francisco de Rojas y a sus descendientes de igual forma. (Será precisamente en esta línea en la que recaerá el mayorazgo de Layos a la muerte de Lucia de Rojas en 1834).
A falta de éstos, llama al hijo mayor de doña Juana Osorio, su sobrina, hija de doña Inés de Rojas y mujer de Hernán Carrillo, a sus hijos, nietos y descendientes por el mismo orden.
Y en el caso de que faltase en todos los citados anteriormente llama al pariente más cercano del fundador de la línea y apellido de linaje de los Rojas. con la cláusula de que si concurriesen otros mayorazgos en el poseedor del fundado en Layos, usase el apellido de Rojas en primer lugar y que las armas de «Rojas» ocupasen la derecha en su escudo.

 

Arbol Genealógico Señores de Layos y Condes de Mora
Arbol Genealógico Señores de Layos y Condes de Mora

En cumplimiento del orden prefijado en la fundación del mayorazgo de la villa de Layos, este discurrió por la línea que inició Alonso de Escobar, en quien se había instituido, pasando posteriormente a los hijos y descendientes suyos. Años antes de morir Alonso Escobar había hecho donación a su único hijo, habido en su matrimonio con doña Constanza de Ribera, Francisco de Rojas y Ribera (el sordo). El cual contrajo matrimonio  con María Dávalos, nacieron 10 hijos, el primogénito (quien heredó el mayorazgo de Layos de 1551 a 1567) se llamó de igual manera, Francisco de Rojas y Ribera, quién contrajo matrimonio con Marína de Guevara y tuvieron cinco hijos, de nuevo el primogénito sucedió a su padre en el mayorazgo (1567 a 1614) y le llamaron Francisco de Rojas y Guevara, fue él el último señor de Layos y el Castañar, ya que recibió del rey Felipe III, a quien sirvió, el título de Conde de Mora, villa que Felipe II le había vendido en 1572. El primer Conde de Mora se casó por dos veces, la primera con Leonor Pacheco, de la que no tuvo sucesión y murió en 1580 y la segunda con Francisca Portocarrero de Guzmán, de cuyo matrimonio nacieron cuatro hijos, el primogénito se llamó Francisco de Rojas y Guzmán, pero no llegó a heredar el titulo de Conde pues murió siendo un niño, el segundo fue mujer llamada Marina de Rojas, el tercero fue Lope de Rojas, quien heredó el condado de Mora a la muerte de su hermano Francisco (1614) y pasó a llamarse como aquel, Francisco de Rojas y Guzmán, contrajo matrimonio con Mariana de Ribera de la cual no tuvo descendencia, por lo que al morir en 1621 el mayorazgo de Layos lo heredó su hermano Pedro niño de Ayala quien lo poseyó de 1621 a 1665, quien fue un gran historiador, de su matrimonio con Guiomar Enríquez de Villena no obtuvo hijos, por lo que cuando muere en 1665 se acaba la línea de sucesión que se seguía en el mayorazgo desde Alonso de Escobar.

Así pues, según lo establecido en la fundación del mayorazgo, éste vino a recaer en la línea sucesoria que transmitió Catalina de Aguilera y Rojas, mujer de Juan de Ibarra, e hija de Antonio de Rojas, único hermano varón, que estaba casado, de Francisco de Rojas y Ribera , le correspondió recibir el título de Conde de Mora a don Antonio de Rojas Ibarra y Aguilera, quien lo poseería de 1665 a 1685, del matrimonio que contrajo con su sobrina Maria Antonia de Ipeñarrieta e Ibarra, nacieron cuatro hijos, el primero Francisco de Rojas quedó soltero y fue el segundo, don Gregorio de Ibarra, Rojas y Aguilera quien heredó el condado de 1685 a 1702 en que muere sin dejar sucesión por lo que será su cuarto hermano don José Antonio de Rojas Ibarra y Aguilera quien heredará el mayorazgo hasta 1732, se casó por dos veces, la primera con Blanca de Toledo, de la cual no tuvo descendencia, y la segunda con Isabel Ana de Bargas, con quien tuvo tres hijos, el primogénito fue don José Antonio Joaquín de Rojas, quien heredó de su padre el estado de Mora desde 1732 hasta 1780, contrajo matrimonio con María Antonia de Miranda y tuvieron tres hijos, el primero Ramón Francisco de Rojas, heredó el estado de Mora, a su muerte y a pesar de tener dos hijos el condado pasó a su hermana Lucía, ya que éstos los tuvo sin estar casado, la segunda Lucía de Rojas quien heredó el estado de Mora en 1802 y lo mantuvo hasta 1834.

Cuando finaliza la sucesión en la línea en que se había instituido el Mayorazgo de Layos (la formada por Alonso Escobar) a la muerte de Lucía de Rojas le correspondía tomar posesión de él a los descendientes de Juan de Rojas (segundo hermano del primer Francisco de Rojas, fundador del Mayorazgo) y la descendencia de esta rama estaría en ese momento en Cipriano Portocarrero y Palafóx.

 

Continuación de la línea de descendencia en la rama de Juan de Rojas
Continuación de la línea de descendencia en la rama de Juan de Rojas.